Por Macarena Baquero, social media manager en COMM Media Group
El algoritmo se ha convertido en el gran culpable de todo.
Si el contenido no funciona, es el algoritmo.
Si baja el alcance, es el algoritmo.
Si no hay resultados, también.
Es más fácil cuestionar el canal que revisar la estrategia. En la práctica, esto se traduce en una dinámica cada vez más común: publicar por inercia.
Se publica porque hay que estar, porque toca, porque el calendario lo pide, no porque haya algo que decir.
Cuando ese contenido no funciona, no se revisa el mensaje. No se replantea el enfoque.
No se cuestiona el posicionamiento, se incrementa la actividad.
Más publicaciones.
Más formatos.
Más inversión.
El paid entra entonces como solución rápida. Pero no como una decisión estratégica, sino como una forma de sostener lo que ya nace sin dirección.
Se invierte para empujar contenido que no está funcionando y eso no escala una marca, solo amplifica el problema.
Las redes sociales no castigan a las marcas, las exponen. Exponen la falta de criterio, la ausencia de coherencia, la falta de una idea clara detrás.
Porque cuando una marca tiene definido quién es, qué quiere decir y por qué lo dice, el contenido deja de ser una obligación, pasa a ser una consecuencia.
En ese punto, el algoritmo deja de ser el problema, se convierte en lo que siempre fue:
un canal.
Quizá la pregunta no es por qué no funciona el contenido, sino si realmente existe una estrategia detrás.


